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¿Por qué las lágrimas artificiales no te están funcionando?

by | General

Lo escuchamos varias veces a la semana en consulta: “Ya probé tres marcas distintas de gotas y nada”, “Me pongo lágrimas cada hora y sigo con los ojos rojos, ardiendo y borrosos para la tarde”, “Compré las gotas que me recomendaron en la farmacia y solo me alivian un rato”. Si te identificas con esto, no estás haciendo nada mal. El problema es otro: probablemente las lágrimas artificiales no son el tratamiento que necesitas, o al menos no son el único.

La realidad clínica es esta: en la mayoría de los pacientes con ojo seco, el problema no es la falta de lágrima. Es la calidad de la lágrima, una inflamación crónica de la superficie ocular o una disfunción de las glándulas que producen la capa grasa del lagrimal. Las lágrimas artificiales, por mejores que sean, solo reponen el componente acuoso de la lágrima durante unos minutos. No atacan la causa.

Vamos por partes.

Tu ojo seco probablemente no es por “falta de lágrimas”

El ojo seco es una de las consultas más frecuentes en oftalmología a nivel mundial, y en México las cifras son particularmente altas: un estudio poblacional citado en el metaanálisis para Centro y Sudamérica reportó una prevalencia de hasta 41% de enfermedad de ojo seco en la población mexicana (Hernández-Quintela et al., citado en Vásquez et al., 2024).

La definición moderna del Tear Film & Ocular Surface Society Dry Eye Workshop II (TFOS DEWS II) ya no habla de “ojo seco” como “falta de lágrima”. La describe como “una enfermedad multifactorial de la superficie ocular caracterizada por la pérdida de homeostasis de la película lagrimal, acompañada de síntomas oculares, en la que la inestabilidad e hiperosmolaridad de la lágrima, la inflamación y el daño de la superficie ocular, y las anormalidades neurosensoriales juegan papeles etiológicos” (Craig et al., 2017).

Traducción al español del paciente: el problema no es solo “qué tan mojado” está el ojo. Es la composición de tu lágrima, su estabilidad, la inflamación crónica y el daño que esa inflamación va haciendo en la córnea y la conjuntiva. Echar gotas encima rara vez resuelve eso.

Los dos tipos de ojo seco (y por qué importa diagnosticarlos)

El TFOS DEWS II clasifica el ojo seco en dos subtipos principales que muchas veces coexisten:

  1. Ojo seco acuodeficiente

Es cuando la glándula lagrimal principal produce poco volumen de lágrima. Es el cuadro clásico que la gente imagina cuando piensa en “ojo seco”. Suele asociarse a:

  • Síndrome de Sjögren (autoinmune).
  • Cambios hormonales (menopausia, posparto, lactancia).
  • Medicamentos sistémicos: antihistamínicos, antidepresivos, antihipertensivos, retinoides orales para acné.
  • Edad avanzada.

En este subtipo, las lágrimas artificiales sí ayudan más que en el otro, pero pocas veces son suficientes como único tratamiento.

  1. Ojo seco evaporativo (la mayoría de los casos)

Aquí el problema no es cuánta lágrima produces, sino que se evapora demasiado rápido porque la capa de lípidos (grasas) que la protege está alterada. Esa capa la fabrican las glándulas de Meibomio, que están en el borde de los párpados. Cuando se obstruyen o secretan grasa de mala calidad, la lágrima se evapora en segundos y aparecen los síntomas.

La cifra es contundente: hasta el 86% de los pacientes con ojo seco tienen disfunción de glándulas de Meibomio (Lemp et al., 2012). Es decir, en la inmensa mayoría de los casos, las gotas no funcionan porque no están tratando lo que de verdad falla. Estás reponiendo agua a una lágrima que se sigue evaporando en cuestión de segundos por falta de la capa grasa que la sostiene.

¿Por qué las lágrimas artificiales fallan (aunque las uses bien)?

Las lágrimas artificiales son útiles. Lubrican, alivian temporalmente y ayudan en cuadros leves. Pero tienen limitaciones intrínsecas que conviene entender:

  1. Solo reponen el componente acuoso. La lágrima natural tiene tres capas: mucina (interna), agua (media) y lípidos (externa). La mayoría de las lágrimas artificiales solo aportan agua, a veces con un poco de hialurónico o carboximetilcelulosa. No restauran la capa lipídica.
  2. Duran minutos, no horas. La lágrima artificial se elimina por el sistema lagrimal en pocos minutos. Si tu problema es evaporación acelerada por glándulas de Meibomio obstruidas, el alivio dura lo que tarda el ojo en “secarse” de nuevo.
  3. No atacan la inflamación. Una vez instalada la inflamación crónica de la superficie ocular, esta se auto-perpetúa en un círculo vicioso (Bron et al., 2017). Las lágrimas artificiales no contienen antiinflamatorios. Necesitas medicación específica.
  4. Algunas empeoran el cuadro. Las lágrimas con conservadores (especialmente cloruro de benzalconio) usadas más de 4-6 veces al día pueden ser tóxicas para la córnea y agravar la inflamación. Si las usas con esa frecuencia, tienen que ser sin conservadores.
  5. Tratan el síntoma, no la causa. Esto es lo más importante. Un paciente con blefaritis posterior, telangiectasias en el borde palpebral y glándulas de Meibomio obstruidas necesita destapar esas glándulas y reducir la inflamación local. No más gotas.

lagrimas artificiales

El círculo vicioso del ojo seco

Uno de los conceptos centrales del TFOS DEWS II es el “vicious circle” o círculo vicioso del ojo seco (Bron et al., 2017). Funciona así:

  1. La lágrima se vuelve inestable (por falta de lípidos, mucina o agua).
  2. Se evapora más rápido y se vuelve hiperosmolar (más concentrada en sales).
  3. Esa hiperosmolaridad daña las células epiteliales de la córnea y conjuntiva.
  4. El daño dispara inflamación local, con citoquinas y metaloproteinasas.
  5. La inflamación daña aún más las células productoras de mucina, las glándulas de Meibomio y los nervios corneales.
  6. Eso desestabiliza más la lágrima… y el ciclo se repite.

Mientras no cortes ese círculo —y las lágrimas artificiales no lo cortan— los síntomas vuelven una y otra vez.

Factores que están agravando tu ojo seco sin que lo sepas

  • Pantallas. Cuando miras una pantalla, tu frecuencia de parpadeo cae de unas 18 por minuto a entre 3 y 7 por minuto (Patel et al., 1991; Tu & Pang, 2023). Eso significa que la lágrima permanece expuesta al aire mucho más tiempo y se evapora. Además, los “parpadeos incompletos” que hacemos frente a pantallas no exprimen bien las glándulas de Meibomio, lo que con los meses lleva a atrofia glandular.
  • Lentes de contacto. Especialmente los blandos y los de uso prolongado, alteran la película lagrimal y, en el largo plazo, pueden agravar la disfunción meibomiana.
  • Maquillaje. Delineado en la línea de agua, máscaras de pestañas no removidas adecuadamente y extensiones de pestañas obstruyen los orificios de las glándulas de Meibomio. La higiene palpebral diaria es fundamental.
  • Cambios hormonales. La menopausia, el posparto y los anticonceptivos modifican la composición de la lágrima y la función meibomiana.
  • Aire acondicionado y ambientes secos. La Ciudad de México combina altitud, baja humedad relativa y contaminación: tres factores que agravan el ojo seco.
  • Medicamentos. Antihistamínicos, antidepresivos, betabloqueadores, diuréticos, isotretinoína y muchos otros disminuyen la producción de lágrima.
  • Demodex. Un ácaro que vive en la base de las pestañas y puede agravar la blefaritis y la disfunción meibomiana. Es más común de lo que la gente piensa.

Qué tratamientos sí atacan la causa

La buena noticia es que el ojo seco moderno se trata mucho mejor que hace una década. El TFOS DEWS II propone un manejo escalonado según severidad (Jones et al., 2017):

Paso 1: Educación, higiene y modificación de hábitos

  • Higiene palpebral diaria con limpiadores específicos (toallitas con ácido hipocloroso, champús palpebrales o limpiadores con aceite del árbol de té si hay Demodex).
  • Compresas calientes 8-10 minutos al día con mascarilla térmica controlada (no toalla, que pierde calor demasiado rápido).
  • Regla 20-20-20: cada 20 minutos frente a pantalla, mira algo a 20 pies (6 metros) durante 20 segundos, parpadeando completamente.
  • Omega 3 de fuentes confiables (1,000-2,000 mg/día de EPA+DHA). La evidencia es modesta pero positiva en casos leves a moderados.
  • Lágrimas artificiales sin conservadores como coadyuvante, no como tratamiento principal.

Paso 2: Tratamientos en consulta

  • Expresión de glándulas de Meibomio. Con el oftalmólogo o el optometrista entrenado, se exprimen manualmente las glándulas obstruidas tras calentarlas.
  • Luz pulsada intensa (IPL). Recomendada por el TFOS DEWS II como tratamiento de segunda línea para disfunción meibomiana cuando lo anterior no es suficiente (Jones et al., 2017). El metaanálisis Cochrane más reciente reportó que el IPL reduce los síntomas en alrededor de 16 puntos en la escala OSDI versus placebo (Holm et al., 2025).
  • Termopulsación (LipiFlow, iLUX, TearCare). Calienta y exprime las glándulas en una sola sesión de 12 minutos.
  • Exfoliación palpebral mecánica (BlephEx), útil cuando hay biofilm en el borde palpebral o blefaritis crónica.

Tu ojo seco probablemente no es por falta de lágrimas

Paso 3: Tratamiento médico con receta

  • Ciclosporina A tópica (Restasis, Ikervis). Antiinflamatorio que actúa sobre la causa autoinmune local del ojo seco.
  • Lifitegrast (Xiidra). Otra opción antiinflamatoria con mecanismo distinto a la ciclosporina.
  • Esteroides tópicos de corto plazo. Para apagar brotes inflamatorios agudos, siempre bajo vigilancia oftalmológica.
  • Perfluorohexiloctano (Miebo). Aprobado por la FDA en 2023, es la primera gota con receta que actúa específicamente sobre el componente evaporativo del ojo seco (Tauber et al., 2023).
  • Suero autólogo. Para casos severos, en gotas elaboradas con la sangre del propio paciente.

La conclusión honesta

Si llevas meses o años echándote lágrimas artificiales y no terminas de estar bien, no es que las gotas sean malas ni que tú las uses mal. Es que probablemente tu ojo seco no se cura con gotas, porque no te falta agua: te falla la capa grasa, hay inflamación crónica o las dos cosas a la vez.

Lo que sí ayuda es un diagnóstico preciso. En consulta no basta con preguntarte si te arden los ojos. Hay que evaluar:

  • La calidad y volumen de la lágrima (test de Schirmer, tiempo de ruptura lagrimal).
  • La morfología de tus glándulas de Meibomio con meibografía infrarroja.
  • El borde palpebral en busca de telangiectasias, taponamiento glandular, biofilm o Demodex.
  • La superficie ocular con tinciones (fluoresceína, verde de lisamina).
  • Cuestionarios validados como OSDI o DEQ-5 para cuantificar síntomas y dar seguimiento.

Con esa información, el plan de tratamiento se diseña a tu medida. En muchos casos las lágrimas artificiales siguen formando parte del tratamiento —como coadyuvante—, pero nunca son el único pilar. El verdadero tratamiento ataca la inflamación, restaura la capa lipídica y modifica los factores que están perpetuando el problema.
Si llevas tiempo “probando gotas” sin mejorar, agenda una valoración de superficie ocular en Enlace Visual. Hacemos meibografía, evaluación lagrimal completa y diseñamos un plan que vaya más allá de un frasquito en la mesa de noche.

Referencias bibliográficas

  1. Bron, A. J., de Paiva, C. S., Chauhan, S. K., Bonini, S., Gabison, E. E., Jain, S., Knop, E., Markoulli, M., Ogawa, Y., Perez, V., Uchino, Y., Yokoi, N., Zoukhri, D., & Sullivan, D. A. (2017). TFOS DEWS II pathophysiology report. The Ocular Surface, 15(3), 438-510. https://doi.org/10.1016/j.jtos.2017.05.011
  2. Craig, J. P., Nichols, K. K., Akpek, E. K., Caffery, B., Dua, H. S., Joo, C. K., Liu, Z., Nelson, J. D., Nichols, J. J., Tsubota, K., & Stapleton, F. (2017). TFOS DEWS II definition and classification report. The Ocular Surface, 15(3), 276-283. https://doi.org/10.1016/j.jtos.2017.05.008
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  4. Holm, J. M., Stenfeldt, S. L., Vase, L., Singh, A., Lehmann, T. S., & Heegaard, S. (2025). Effectiveness and safety of intense pulsed light therapy for dry eye symptoms due to meibomian gland dysfunction — A systematic review and meta-analysis. Acta Ophthalmologica. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12069959/
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  10. Tauber, J., Berdy, G. J., Wirta, D. L., Krösser, S., & Vittitow, J. L. (2023). NOV03 for dry eye disease associated with meibomian gland dysfunction: Results of the randomized phase 3 GOBI study. Ophthalmology, 130(5), 516-524. https://doi.org/10.1016/j.ophtha.2022.12.021
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  12. Wolffsohn, J. S., Arita, R., Chalmers, R., Djalilian, A., Dogru, M., Dumbleton, K., Gupta, P. K., Karpecki, P., Lazreg, S., Pult, H., Sullivan, B. D., Tomlinson, A., Tong, L., Villani, E., Yoon, K. C., Jones, L., & Craig, J. P. (2017). TFOS DEWS II diagnostic methodology report. The Ocular Surface, 15(3), 539-574. https://doi.org/10.1016/j.jtos.2017.05.001

Artículo educativo elaborado por el equipo clínico de Enlace Visual Centro Oftalmológico. La información aquí presentada no sustituye una valoración oftalmológica individualizada.

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